enero 31, 2006

un dato francamente interesante: el 60% del ancho de banda en internet, se calcula, es utilizado en las redes p2p. vale decir, en bajar películas o música a través del bit torrent, u otros. ilegalmente, claro. no tenía ni idea de que así estuviera la cosa. pues bien, warner brothers iniciará dentro de poco, en alemania, austria y suiza, un servicio pagado de distribución de películas que utilizará las redes p2p, sentando un precedente interesante: se trata de la misma tecnología que el resto de compañías distribuidoras trata de combatir. al fin alguien utilizó un poco de sentido común. la nota completa aquí.

una más


aquí está el elenco de esa película irregular pero notable de paul thomas anderson, Boogie Nights. (a la derecha, philip seymour hoffman, antes de hacerse famoso.) va mañana miércoles a las 5pm, en el cine-club de la cayetano heredia: facultad de psicología, cuadra 4 de armendáriz, miraflores. entrada libre.

estrenos en "la ventana indiscreta"


me gusta mucho el cine-club de la universidad de lima. para empezar, está a cinco minutos de mi casa. para continuar, la entrada es gratis —y, a diferencia de la católica, nadie te arma chongo en la puerta: simplemente dejas tu dni— y, para terminar, las condiciones de proyección, aunque casi siempre en dvd, son estupendas. hasta las butacas son cómodas. pues bien, este cine-club, dentro de un ciclo de "filmes no estrenados en lima" proyectará una película sumamente apetecible: Grizzly Man, del obsesivo, grandilocuente, extraordinario cineasta alemán Werner Herzog (dicho sea de paso, este fue el mejor documental del año pasado para varios círculos de críticos en los eeuu). ahí va el plot:

A docudrama that centers on amateur grizzly bear expert Timothy Treadwell. He periodically journeyed to Alaska to study and live with the bears. He was killed, along with his his girlfriend, Amie Huguenard, by a rogue bear in October 2003. The films explores their compassionate lives as they found solace among these endangered animals.

va en inglés, con subtítulos en español. los que quieran chequear los horarios pueden hacerlo aquí. otros filmes que se me antojan interesantes son Sud Parlad, producción tailandesa-europea que recibió el premio del jurado en el penúltimo festival de cannes y Nadie Sabe, de hirokazu koreeda.

enero 30, 2006

qué bestia


una de esas ideas risibles desde el arranque: hacer un remake de "la profecía". hacerlo, además, sin usar la música de jerry goldsmith. estrenar el filme el 6 de junio de este año (el 6 del 6 del año 6, ¿captan el ingenio?)

la película está rodándose actualmente, pero se sabe que el director es john moore ("tras líneas enemigas") y que entre los actores figuran david thewlis ("naked") y mia farrow. una mejor idea hubiera sido sencillamente reestrenar el filme original, que a mi modo de ver es un clásico del género. esto pinta feo, como lo demuestra el teaser.

mañana perdida


la gente de eurofilms había anunciado para hoy una función de prensa, en el centro cultural de la católica. la película era "el grito"... y la cosa fue más o menos así:

  • * el e-mail decía que la función era a las 10.30am
  • * yo llegué —corriendo— a las 10.40am
  • * el muchacho de eurofilms salió de su taxi a las 10.50am
  • * el proyeccionista se apareció a las 11.40am
  • * la función empezó al mediodía.

...la poca gente de algunos medios que había ido terminó largándose, o sea que al final la función de prensa de "el grito" —que resultó ser una película regular nomás— fue prácticamente una función privada. en realidad yo no tenía nada que hacer, y en hora y media de espera aproveché para avanzar el libro que estoy leyendo. pero lo que realmente me hartó fue que los mismos tipos de la distribuidora, vale decir, quienes organizaron una proyección especial para la prensa, vale decir, quienes mayor respeto deberían mostrar por este tipo de cosas, sentados en las filas de atrás se pusieran a comentar la película en voz alta. gritaban, como si estuvieran en el estadio. dos veces tuve que pedir que se callaran.

ya recordé por qué no me gustaba ir a estas vainas.

enero 27, 2006

no tiene nada que ver con cine

este blog me aburre un poco. me gustaría retomar aquel que tenía yo hace como dos años, antes de irme a la india, pero sospecho que sucedería lo que sucedió aquella vez: terminaría escribiendo para los lectores. y así no es. descuidaría mi libro, además. de cualquier modo, hago una intromisión personal en mi blog personal, dizque de cine, para dejar constancia de mi contento súbito esta mañana. súbito... hay que poner por escrito esas cosas porque luego uno se olvida.

no entraré en detalles sobre por qué la vida esta semana ha sido más bien triste. however, entro al messenger y veo que la tania está allí. le digo "hola", y ella me dice de inmediato "por favor ven a mi casa". está sola, porque sus hermanas se fueron a las vacaciones útiles. no regresan hasta las cinco. quiere que vaya a jugar con ella.

qué privilegio. por favor ven a mi casa.

[izquierda, escenas de mi cortometraje "sleep" protagonizado por tania, mi primita.]

enero 24, 2006

Más sobre "Narnia"

Regreso a "Las crónicas de Narnia" debido a un comentario que acabo de recibir, el cual reproduzco en el siguiente post, junto con mi respuesta, y también porque nunca antes, en el tiempo que llevo reseñando filmes, me han llegado tantos e-mails acerca de algo que yo haya escrito. Sigue rayándome que algunas personas no acepten que pueda comentarse una película sin antes haber leído el libro. El arte, en mi opinión, no tiene por qué ser parasitario de nada y cada filme debería bastarse por sí mismo. En fin, reproduzco algunos de los e-mails (sin incluir las direcciones de los remitentes, claro) con sus faltas de ortografía nomás. Me parece que son divertidos. Me encanta el del pata que dice "no jodas fantasías, te seguiré escribiendo" y el de la chica que afirma que a C.S. Lewis le encantó el filme. Le consultaron vía ouija, seguro.

Eres critico??? Hay gente que las acabas de "lastimar" con tus comentarios porque es muy valioso para ellos el filme... Como dicen poray... "Si vas ajoder, jode bien"...

no estoy de acuerdo con lo que dice de las cronicas de narnia!! es usted un magnifico tonto. el film es excelente yo diria que 5 estrellas

Mira Cesar mi Hija vio las Cronicas de Narnia, y la verdad legusto mucho, como tambien le gusta escuchar sabadomingo en RPP, y le enfado mucho de como te expresaste de la pelicula deverias tenercuidado de como hablas, tus opiniones segun tu guardatelas para ti pero en la radio donde hay niños que ambien te escuchan no habras tu vocota y deja que los niños vivan su fantasia al final a que niño le importa si se parece a harry photer, o son muchos los protagonistas asi que para otra vez no te hagues al sabio de cine que para mi no sabes nada, opina pero no jodas fantasias, chao te seguire escribiendo.

Realmente te aconsejaria leer los libros y tratar de entender las verdades teologicas ocultas dentro de la obra de C.S.Lewis. Almenos que lo hagas, cualquier juicio o critica carecen de fundamentos validos. Cualquiera con goze de buena literatura podria entender lo que estoy diciendo.

(...) con respecto a q la niña no muestra un asombro o un "susto paranoico" ( q parece ser lo q te gusta ver...) se ve una gran caridad en sus ojos... ¡o sea! si la niña se asusta del fauno y corre deliberadamente... la pelicula de "fantasia" ya no seria de "fantasia" habria escenas de panico escenico... eso es lo q keres? si la pelicula no te gusto... es por q tus cosmovisiones como adulto y sobre todo tu cultura, la q te inculcaron desde chico, me dicen q no tuviste infancia y no pudiste disfrutar de algunas de las cosas mas lindas de la vida................... saber disfrutar de un mundo de fantasias al menos imaginado en tus sueños..... crear un mundo sin conflivtos y encontrar u espacio propio dende estar bien dentro de un mundo imaginario....... solo te digo q... si leyeras todas las cronicas de narnia entenderias el porque de la pelicula, a C.S. Lewis le encanto el filme.

Un comentario y una respuesta


Muy bien, este es el comentario al cual hacía referencia yo. La respuesta me salió un poco larga, y creí que ameritaba un post independiente.


El sábado me deje convencer por Sofía y después de muchos años fuimos al cine (el Planet también) para ver las Crónicas. Verdad que coincidimos en algunos comentarios como lo poco trascendente del filme y la pobreza de algunos montajes, pero que importa. Yo la pasé bien. Un cuento de brujas y niños buenos. Un mundo en que la traición se borra con amor y sacrificio y la leyenda del que nunca muere si tiene el convencimiento de sus ideales.De paso, se me volvió normal dialogar con los animales. Un poco más de fantasía en casa donde mi hijo se cree gato no estuvo mal.

P.D. Sofía es evangélica pero no encuentro el porque de la recomendación.


Señor usuario anónimo: qué bueno que la película le haya gustado. Sospecho, sin embargo, que si fuera usted un poco más seguido al cine, y viera por tanto más películas, su opinión sería ahora distinta pues tendría más referencias y más elementos con los cuales comparar y juzgar a "Narnia". O sea: ¡vaya al cine! Y si quiere fantasía allí se estrena este jueves "Los hermanos Grimm" del gran Terry Gilliam... Si Sofía es evangélica, le apuesto a que fue el pastor quien le dijo que fuera a ver esta película. Sucede que C.S. Lewis, autor de los libros sobre Narnia, es un escritor cristiano bastante popular en el extranjero —de hecho, el filme está asociado fuertemente a la derecha cristiana que Mr. Bush tan bien representa: es interesante saber que Philip Anschutz, conocido evangélico, es dueño de Walden Media, la compañía que coprodujo el filme, y que Jeb Bush, hermano del presidente, gobernador de Florida y también cristiano conservador (o sea, de aquellos que dan un poco de miedo si están en el poder) promovió el libro en la campaña de lectura en su Estado.

Se vienen seis películas más de Narnia, y eso yo lo encuentro un tanto preocupante, tratándose de filmes dirigidos a niños (ojo, Narnia fue la tercera película que más recaudó el año pasado en EEUU). Yo no encuentro a la película como un vehículo de propaganda de nada, así que mi preocupación va por el lado de que los siguientes filmes se vuelvan maniqueos, obvios, en una posible ideología conservadora. Que quizás los libros no contengan, pero que los productores podrían inocular. En todo caso, yo no he leído los libros sobre Narnia, aunque entiendo que recogen elementos cristianos, mitológicos y de varias culturas del mundo. Quienes conocen la obra de C.S. Lewis hablan más bien de una "amalgama", o sea que probablemente toda esta discusión acerca del caracter cristiano del filme sea externa a él. Un hecho último, sin embargo: Disney, compañía que distribuye el filme, destinó el 5% de su presupuesto de publicidad al sector de grupos cristianos. Y un artículo en el New York Review of Books afirma:

Even before the film opened, the Disney organization was targeting evangelical Protestantism, and a company called Motive Entertainment was sponsoring meetings for church officials and supporters in 140 American churches, encouraging the use of The Chronicles of Narnia as an inspirational text, with sample sermons available for download on the Web.
Así está la cosa.

Momentos Cumbres en la Vida


Sucedió hace algunos años, cuando aún estaba en el colegio. Éramos cinco o seis personas que habíamos ido a una función de vermout del cine Real. La sala estaba repleta. Nos tuvimos que sentar en la primera fila, al borde de la pantalla. La película era de terror.

El asesino, un desequilibrado mental armado de un hacha, estaba en un hospital buscando a una enfermera a quien quería matar porque le había hecho una cosa horrible de niño. La siguió hasta una habitación donde ella se escondió.

Había un tenso silencio en la sala y el asesino no encontraba a su víctima.

Señalando la pantalla, rompí el silencio comentando en voz alta desde la primera fila: "Está en el clóset".

Inmediatamente el asesino volteó hacia dicho lugar, abrió la puerta y atacó a la mujer a hachazos hasta convertirla en una masa deforme y sanguinolienta.

Fue halagador. Hubo aplausos en la platea. Pero en la noche tuve pesadilla y vomité.


Jaime Bedoya
en "Ay qué rico". Mosca Azul Editores, Lima, 1991

enero 23, 2006

El regreso de King Kong


[nota de quien transcribe: el siguiente texto es el más bello que he leído yo en relación a la película de Jackson. Lo publico en este blog por simple admiración, a pesar de no estar de acuerdo con algunas de las cosas que se dicen.]

A Pedro Almodóvar

El cuento La Bella y la Bestia está incluido en El almacén de los niños, uno de los libros que Madame de Beaumont escribió en el siglo XVIII para educar y deleitar a los pequeños. Su fuente literaria hay que buscarla en las páginas de El asno de Oro de Apuleyo, que a su vez no hace sino recrear el mito griego de Eros y Psique. Eros y Psique se encuentran en una cueva, donde tienen lugar sus raptos de amor. Hay una condición: ninguno de los dos debe tratar de saber quién es el otro. Pero Psique esconde una lamparita en sus vestidos para poder ver a su amante mientras duerme. Eros la descubre y la castiga alejándose de ella para siempre. Y los dioses compadecidos de su desgracia la transforman en una mariposa. Es un cuento que habla de la sutil diferencia entre el reino del deseo y el reino del amor. De hecho, Psique, al encender su lámpara, representa el deseo de conocimiento de todos los amantes del mundo. "¿Quién eres?", es la pregunta fundacional del amor. Jean Cocteau hizo en los años treinta una hermosa película sobre este cuento, y nadie que la haya visto podrá olvidar el deambular de la Bestia frente al dormitorio de Bella, y su doloroso asombro porque se hubiera abierto paso en él esa pregunta acerca del otro que todo lo cambiará. Pero la Bestia finalmente tenía su recompensa pues no era sino un príncipe encantado al que el amor lograba devolver su verdadera faz.

Nada de eso sucede en King Kong, para el que no hay redención posible ya que su única faz es la faz monstruosa de la naturaleza. Siempre he pensado que las escenas de la cueva, en que King Kong se detiene a contemplar a la diminuta Fay Wray, que patalea asustada en su mano, guardan una de las imágenes más hermosas concebidas por el hombre para expresar la imposibilidad última del amor. La película de Cooper y Schoedsack se abría con un proverbio árabe: "La Bestia miró la cara de la Bella, y detuvo su mano. Y desde ese día estaba muerta". Y éste, en efecto, es el significado último de King Kong, que el que ama tiene que morir. Peter Jackson ha aprendido esa dulce y terrible lección y ha hecho una película que prolonga y enriquece la original. Pero su aportación esencial no está en los deslumbrantes efectos especiales, ni en la perfección de las distintas escenas de acción, sino en su recreación del personaje femenino de la historia. De hecho, Fay Wray, la encantadora rubita de la película de los años treinta, no tiene comparación posible con Naomi Watts. Fay Wray se pasaba la película dando gritos y desmayándose, de acuerdo con una visión de la mujer no excesivamente estimulante que hacía de ésta poco más que un mero juguete sexual. Y es aquí donde el personaje interpretado por Naomi Watts supera a su modelo por mantenerse más fiel al cuento, donde Bella se vuelve hacia la Bestia y llega a amarla, según el dictamen de Chesterton, antes de que se vuelva amable. Peter Jackson no hace sino darle a King Kong alguien a la altura de su amor. Pues el amor, sólo se puede dar entre iguales. Mejor dicho, es el esfuerzo de igualdad entre los que son diferentes.
Este protagonismo del personaje femenino impregna la nueva versión del mito. Incluso las escenas de las feroces peleas, los momentos en que King Kong pelea con sucesivos enemigos con una sola mano, pues lleva a su delicada amiga en la otra, ilustran perfectamente de lo que acabo de decir. La pelea ya no es una lucha por la primacía o la supervivencia, sino una forma de proteger algo infinitamente valioso. Como si Peter Jackson quisiera decirnos que lo que debemos mirar no es la pelea en sí, sino el milagro de ese cuerpecito que gracias a King Kong sigue vivo como una llama azotada por la tormenta.

Porque lo que le pasa a King Kong es que ha abandonado el reino del deseo para ingresar en el del amor. Las diferencias entre uno y otro son sutiles pero decisivas. El reino del deseo pone el énfasis en el sujeto que desea; el del amor en el objeto deseado. El mundo del deseo se confunde con el apetito, y en él la pulsión preexiste al objeto. Tenemos hambre y buscamos algo que comer. Es verdad que hay cosas más apetitosas que otras, pero eso no oculta que es nuestra hambre la protagonista de lo que sucede. Vemos una hermosa manzana y tendemos la mano para cogerla. En el reino del deseo el protagonista es nuestro apetito; en el del amor, y esto es lo verdaderamente extraño, la manzana.

Y eso es lo que le pasa a King Kong. Se topa con la muchacha encadenada y en vez de devorarla, como ha hecho otras veces, se queda perplejo mirándola. Es lo que sucede en los cuentos, donde nada es lo que parece y hay que detenerse a escuchar. Como si hubiera algo intocable en los seres que amamos, algo de lo que no cabe apropiarse; y el amor fuera aceptarlo así. Como si el amor se nutriera por igual de la presencia y de la renuncia. Y por eso las escenas finales en Nueva York son como una larga despedida, una despedida semejante a las que hacen a los amantes prolongar en los andenes sus besos y caricias sabiendo que de un momento a otro se tendrán que separar. Creo que estas escenas son uno de los poemas de amor y muerte más hermosos que se han rodado jamás. Me atrevería a decir, que están a la altura de aquella secuencia última de Gertrud, la película de Dreyer, en que se nos dice que no hay felicidad en el amor, que el amor es sufrimiento, es la desgracia. Y nunca ha habido un amante más tierno y desgraciado que King Kong. Y por eso Peter Jackson, en un gesto de justicia poética que sólo los grandes artistas son capaces de realizar, regala a King Kong ese instante de gloria que sin duda merece que es la escena del lago de Central Park helado. Los momentos en que King Kong y la chica juegan por primera vez, constituyen una de las escenas de amor más hermosas de la historia del cine, y bastaría por sí sola para hacer de esta película una película eterna que nunca morirá. ¿Lo hará este tipo de amor? No lo sé, pero si es así, a las generaciones del futuro les bastará con detenerse ante esta película admirable para saber cómo fue el amor en el siglo que acaba de terminar. Y nadie lo representa mejor que Naomi Watts. Por eso no sólo se niega a participar en el degradante espectáculo del teatro, cuando se muestra a un King Kong humillado y vencido, sino que será ella la que vaya a su encuentro cuando se escape, sembrando a su paso el pánico por las calles de Nueva York. La que llegará hasta la cima del Empire State, para encontrarse con él y protegerle. Aquí, es ella la activa. Corre, busca, quiere llegar a King Kong, como la más fervorosa enamorada. Merece figurar en la lista de las más excelsas amantes, junto a Julieta, junto a Eloisa, junto a la hermosa Melibea,junto a Isolda. Aun más grande que ellas, pues su amor está condenado, por su radical desigualdad, a no ser posible. Y ésa es la apuesta suprema de esta película: resolver esa desigualdad. Algo que se hace patente en la última y estremecedora escena, en que la mirada de Naomi Watts se cruza con la de un King Kong a punto de precipitarse al vacío. Y en el que ambos se dan cuenta de su radical semejanza. "A los dos nos pasa lo mismo, aunque no sepamos lo que es". Ése es el descubrimiento de todos los amantes del mundo. Por eso el amor se confunde con la muerte, que es la gran igualadora. En realidad, King Kong no hace sino estar muriéndose desde el comienzo de la película. Nadie era más poderoso que él, hasta que aparece Naomi Watts. Entonces todo cambia y en ese reino de ferocidad suprema que es la isla de la Calavera se abre ese espacio minúsculo de la dulzura. Pero pocas cosas hay más terribles que la dulzura, ya que en ella siempre se oculta la idea de la renuncia. La vida para Naomi Watts es el barco, su carrera de actriz, el éxito, su amor con el escritor; de la misma forma que para King Kong la vida es su vecindad con los indígenas, las muchachas que le entregan en sacrifico cada luna llena, sus luchas jubilosas con los otros seres de la isla. El espacio de lo propio, el culto a la voluntad. Pero entonces sus caminos se cruzan y ambos toman una senda nueva, de extravío y dulzura. Y algo nos hace desear que la recorran hasta el final. Y al hacerlo nos entregan el descubrimiento tal vez más dulce y terrible que nos está reservado a los hombres: que el amor es lo que no podemos tener de la vida.

Y es verdad que el fin de King Kong nos causará una pena infinita, y que al terminar la película estaremos con el alma encogida por su fracaso, pero no lo es menos que muy pronto nos habremos dado cuenta que no ha habido criatura más afortunada que él. Nadie, en efecto, fue más feroz cuando tenía que defender lo que amaba, ni más tierno y gracioso en las escenas de amor. Aún más, tuvo un privilegio que ninguno de nosotros alcanzará jamás. Un poema de José Jiménez Lozano dice: "Pequeño gorrioncillo, has sido dinosaurio. / Te doy las gracias / por ser ahora tan minúsculo". Ése fue el privilegio de King Kong: que la persona amada le cupiera en la palma de la mano. Ninguna de nuestras victorias en el amor se podrá comparar nunca a esa delicada victoria.


Gustavo Martín Garzo
Publicado originalmente en El País, 22.01.2006

enero 18, 2006

La mujer de mi hermano

Dirigida por Ricardo de Montreuil
Con: Bárbara Mori, Christian Meier, Manolo Cardona
Calificación: una estrellita


Como yo casi no veo televisión y hasta antes de este filme el nombre “Bárbara Mori” no me decía nada, hice una búsqueda en Google. De los diez primeros resultados, cinco anuncian fotografías de esta actriz desnuda. Engañosamente, debo decir. Pues bien, quienes quieran sacarse el clavo pueden ir a ver “La mujer de mi hermano” y eso es todo lo que yo debería escribir en esta columna acerca de la película: es que no se me ocurre ninguna otra razón para recomendarla. Lo siento.

Dado que esta reseña luciría bastante triste si culminara en el párrafo anterior —dado que hay cierta exigencia por un número mínimo de palabras— voy a intentar algunas cosas distintas aquí. Por ejemplo, contar un chiste. Ahí va. ¿Cómo dicen OK los peces? “Ya pez”.

Era bastante gracioso cuando me lo contaron. En fin. Como aún no se han ido podemos intentar otra cosa: recordar algunas de las secuencias más memorables de esta película, flamante éxito de taquilla en Latinoamérica toda.

Secuencia número uno (una bomba que desencadena secretos familiares)

—¿Quién te crees tú, pinche pintorcito de mierda, para decirle a mi esposa que soy un puto? ¿Acaso quieres destruir mi matrimonio?

Recuerdo que al escuchar este parlamento de Christian Meier me invadió una ternura como hace mucho no sentía. Nuestro actor de exportación está increpándole a su hermano, el bohemio, el indebido comportamiento que tiene para con su señora. La de Meier. Lo hace con expresión adusta, rígida. “Christian Meier ha hecho la que considero la mejor actuación de su carrera” declara Jaime Bayly en conferencia de prensa: fue él quien escribió el guion de la película, tomando como base su propia novela. Tal vez tenga razón.


Pero estábamos hablando de esta secuencia específica, y por qué me parece representativa de lo que el filme es: en primer lugar, por su carácter telenovelesco. Creo que “¿acaso quieres destruir mi matrimonio” ha sido ya dicho antes por Andrés García. ¿O fue Arnaldo André? En “La mujer de mi hermano” todos los actores —no solamente Meier, sino también Bárbara Mori, Manolo Cardona y desde luego Angélica Aragón— actúan no diciendo sus líneas sino enunciándolas, que es a mi modo de ver una de las características principales de la actuación televisiva, pero además los parlamentos parecen recortados de alguna novela de... uh... Jaime Bayly.

En segundo lugar, la puesta en escena es absolutamente seria, formal: resulta incapaz de establecer un guiño irónico con respecto a un guion que se ahoga en lugares comunes. Qué bien le hubiera caído a una discusión de tono homoerótico como la que entablan Meier y Cardona, por ejemplo, una sonora cachetada con su jalada de pelos más, al estilo Televisa. Algo desbordante, que introdujera una nota de humor y le diera un contexto distinto a lo que vemos. Algo como lo que hace Almodóvar. Pero no. Parece que Bayly y Ricardo de Montreuil creen que de verdad están haciendo cine.

Secuencia número dos (inicio del arriesgado juego de venganzas, secretos y pasiones)


Esta secuencia es anterior en el filme, pero es que me había olvidado de hacer la sinopsis. Christian Meier está casado con Bárbara Mori, ¿no? Y hay tensiones en su matrimonio. A ella le gusta usar vestidos llamativos cuando van a misa —oficiada por Beto Cuevas, del grupo La Ley: el único relax que se permite el filme con respecto a su propio Sentido de la Seriedad— y eso a Meier no le complace. Lo que le gusta es hablar con los insectos. Además, no puede tener hijos y solo hace el amor con su esposa los días sábado (...nuevamente, el folletín como modelo que Bayly adopta, no para reelaborarlo sino para instalarse cómodamente adentro). Meier está peleado desde hace años con su hermano pintor, quien como todos los pintores que conocemos usa barba y no cree en el matrimonio. Un día Bárbara Mori, absolutamente regia, visita el estudio del cuñado buscando un cuadro para decorar su casa. Comprará uno, para posterior disgusto de Christian Meier, quien dirá:

—Cabrón, ¿por qué tenía que meter aquí el maldito cuadro?
—No es para tanto Ignacio —responderá ella —. Solo fueron tres mil dólares.

La discusión derivará luego hacia el tema “¿por qué no adoptamos un hijo?” pero a mí lo que me fascinó fue aquello de: “solo fueron tres mil dólares”. Me parece que ejemplifica bien otra de las características de esta película: su increíble falta de humanidad. Resulta sumamente difícil lograr la empatía con alguno de estos personajes, y eso no tiene que ver con el hecho de que vivan todos ellos en un ambiente glacial, adinerado, sino con esa reticencia del guion a dejarlos salirse del cliché. Incluso cuando le convendría a la historia. De hecho, “La mujer de mi hermano” no es un filme aburrido porque se inscriba en la tradición del folletín —más precisamente, en la tradición de la telenovela latinoamericana— sino porque lo hace sin ninguna imaginación. Tras los primeros veinte minutos uno puede saber, perfectamente y sin necesidad de ser muy avispado, cómo van a desarrollarse las cosas. La atracción entre esta mujer y su cuñado, por ejemplo, aquello que es el centro del filme, no evoluciona nunca sino que es un elemento establecido desde que la película arranca. Él le toma fotos y ella lo mira, acariciándose la rodilla. A los diez minutos de empezado el filme.

Fin de esta historia apasionante, que subyuga de principio a fin


Afortunadamente, en vez de durar 300 capítulos “La mujer de mi hermano” resuelve todas sus anémicas líneas de intriga en menos de hora y media. Desafortunadamente, es más de lo mismo en la carrera de quien alguna vez fuera un periodista con talento, como Jaime Bayly. Yo no he leído su novela, pero este filme se inscribe perfectamente dentro de su universo: incluso hay menciones específicas al Opus Dei, y quizás una de las pocas cosas rescatables en esta historia suya sea el haberse negado a entregar un final feliz. No en un sentido convencional, al menos.

—¿Alguna vez... te has acostado con un hombre? —pregunta Bárbara Mori, trémula, luego de que Christian Meier se ha depilado la espalda. Y lo único que faltaba allí era un sonido de cuerdas encrispado, manteniéndose por un instante antes de dar paso a los comerciales de detergente.

enero 11, 2006

Postales de India


se supone que este es un blog de cine pero, total, es mi blog. aquí está el enlace a la revista de mi amigo franco, donde se han publicado algunas de las cosas que escribí mientras estuve en la india. también hay unas fotografías. me gustan especialmente las que tomé en holi.

enero 10, 2006

Las crónicas de Narnia

Dirigida por Andrew Adamson
Con: Tilda Swinton, Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley

Calificación: una estrellita

Dos películas de la Disney estrenadas en menos de un mes —en diciembre vimos “Chicken Little”— y hasta ahora, nada. No pasa nada. Miro el reloj: han transcurrido dos horas desde que los créditos finales de “Las crónicas de Narnia” desfilaron ante mis ojos y ya me da pereza siquiera recordar el filme. Para empezar este comentario, entonces, me remitiré a una apreciación cinematográfica ajena. Una apreciación cuya sinceridad está fuera de toda duda: el lenguaje corporal de un espectador, en su butaca, al proyectarse la película. Una espectadora, para ser más precisos. Se trata de la niña que estuvo sentada a mi costado durante la proyección.

Durante los primeros minutos esta niña sorbía de su inmenso vaso de gaseosa sin despegar los ojos del ecran. Hasta allí todo bien. Había silencio en la sala. Sin embargo, hacia el minuto veinticinco parece que a esta niña se le cayó algo al piso, una canchita tal vez, porque se agachó para empezar a buscar con cierta desesperación. Su mamá no le decía nada. Tuve que levantar los pies. Como a los noventa minutos esta niña, concluida su búsqueda, se arrodilló en la butaca. Cerró los ojos: estuvo así un buen rato, pensando en quién sabe qué cosa importantísima cuando uno tiene ocho años, o tal vez nueve... Que no se me malentienda: básicamente yo estaba mirando la película, tomando mis apuntes en la oscuridad. Pero ejercía también una actividad por lo general fascinante: observar a los espectadores reaccionando ante las imágenes (debería hablar aquí del muchacho que se sentó a mi costado durante el reestreno de “El exorcista” y que me asustó, pero dejaré eso para otro día). Anotación final: esta niña de la que hablo vio los últimos minutos de “Las crónicas de Narnia” recostada malamente sobre el regazo de su madre. No la escuché reir en ningún momento. Saltó de su asiento solo una vez.

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Cuando terminó la proyección la gente salía ordenadamente de la sala. También la niña, de la mano de su mamá —“¡llévame a los juegos!”— y yo no vi a nadie comentando entusiastamente el filme. No había ningún niño especialmente feliz, ni tampoco ningún adulto, para tal caso. Podría apostar a que todos salieron del cine con la misma cara que tenían al entrar.

La historia: cuatro hermanos ingleses, refugiados en una mansión durante la Segunda Guerra Mundial, encuentran un ropero que los lleva a una tierra mágica. Allí descubrirán que son los elegidos para librar batalla contra Tilda Swinton —una especie de Reina de las nieves anderseniana—, quien les roba la película.

Ustedes están aburridos, yo también. Intentaré algo distinto aquí, y es hacer un listado de razones por las cuales “Las crónicas de Narnia” es un filme idóneo para ver en cable, cuando lo den. Y si eso no sucede nunca, nadie va a morirse. En verdad, la película no funciona. He seguido con más interés el infomercial sobre crema de baba de caracol que están dando en no sé qué canal. Solamente una observación: desconozco el libro en el cual se basa esta película. Tal vez sea bueno, como dicen.

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Cinco razones por las cuales “Las crónicas de Narnia” no funciona

1) Cuatro pequeños héroes como protagonistas es demasiado. Quizás literariamente sea un buen recurso, pero en el cine dispersa la atención. ¿Con quién debemos identificarnos los espectadores? El guion no lo establece, ni se preocupa en dar a estos hermanos características que nos permitan diferenciarlos. Hay personajes, como el de Susan, que casi no hablan durante el filme.

2) Las actuaciones infantiles carecen de matices. Son, pues, aburridas. Este es un problema de cásting o de dirección —anotemos que Andrew Adamson no ha dirigido antes a humanos, pues viene de hacer las películas de “Shrek”...

3) Toda la narración de la película está dada en un mismo tono y, por tanto, es incapaz de provocar asombro. Por ejemplo: la secuencia en la cual Lucy descubre que a través del ropero... ¡se llega a otro mundo! resulta elocuente por su falta de originalidad. No hay primeros planos de la niña con la boca abierta, ni siquiera hay miedo por parte de ella al encontrarse nada menos que con un fauno... Por momentos, “Las crónicas de Narnia” parece una puesta en escena de algún grupo de teatro amateur.

4) El filme tiene un look misio. Según la imdb costó unos $180 millones, pero buena parte del presupuesto debe haber ido a parar a la animación digital de los animales, una de las pocas cosas que sí funcionan en esta película. Las secuencias iniciales —en la nieve, con nuestros personajes vestidos de oscuro— son poco interesantes en su manejo del color pero, más aún, son secuencias obviamente filmadas dentro de un estudio. Esto podría haberse utilizado a favor del filme (al verla se piensa en “El mago de Oz” o “La historia sin fin”) pero no sucede así. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, creo: falta de imaginación.

5) El guion no nos permite conocer las motivaciones de ninguno de los personajes. Ese es un error, desgraciadamente, muy común. Se llega a una secuencia final de batalla y uno se pregunta: ¿por qué están peleando estos niños? ¿Qué obtendrán si ganan? ¿Qué es lo que busca esta Bruja Blanca? Si ella es una representación del Mal a secas, ¿por qué la vemos en una batalla de aire más bien geopolítico? Y si no lo es, ¿cuál es su objetivo concreto? Puede parecer banal, pero si los espectadores no comprendemos lo que pasa, no nos involucramos emocionalmente. Resultado: alguien bosteza en la fila de atrás. La niña a mi costado cierra los ojos. Hágase esta pregunta el espectador: ¿qué ha aprendido usted acerca de Narnia tras 140 minutos de proyección? ¿Nada, verdad? Y es que el filme es tan desordenado en su presentación de criaturas (cíclopes, faunos, bestias, etc.) y está tan centrado en ilustrar, no narrar, que logra algo dificilísimo en el cine: no decir absolutamente nada.

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Ya. Se acabó. “Las crónicas de Narnia” es un filme que busca colgarse del éxito de la trilogía fílmica de “El señor de los anillos” y las películas de Harry Potter, pero se encuentra muy lejos en imaginación y en amor por su material. La pregunta es, entonces: ¿por qué le ha ido tan bien en taquilla? Bueno, el libro es tremendamente popular por tener una temática “de inspiración cristiana” (hay una resurrección por allí, pero el filme no trasluce gran contenido ideológico). Ergo, hay muchísima gente que está yendo a ver el filme por simple condicionamiento. Un dato: aquí, en Lima, los pastores evangélicos la están recomendando a sus feligreses. Es buena, dicen. Uy, digo.

enero 05, 2006

Elogio del mal cine

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HARTOS DE LOS CINÉFILOS QUEJOSOS que sólo toleran Lola de W.R. Fassbinder, que son capaces de zamparse uno tras otro los doce filmes del último ciclo de cine yugoslavo; de los estilistas de la imagen para los que ese filósofo posmoderno que es Woody Allen resulta previsible y facilón, un grupo de amigos desde hace unos años hemos decidido pragmáticamente dedicarnos a admirar no la calidad sino su ausencia.

La cacocinefilia, como bautizamos al movimiento para parecer elaborados (kakos = malo, en griego, pero otras etimologías son posibles), se reduce a revisar con alegría la cartelera en busca de la peor película que pudiera haber. A diferencia de su contraria, esta pesquisa es siempre fructífera.

Decididos los posibles destinos, uno se provee de canchita, helados o tortees -imbatibles para taponear las caries, sostiene un amigo profesor de Ciencias de la Comunicación, cuya identidad debemos proteger- y se dirige, mejor mal acompañado que solo, a cualquiera de esos simpáticos cines de barrio que exhiben esta cinematografía atroz.

Nuestra afición tiene varias ventajas. ¿Qué amante del buen cine no ha sufrido la tortura que "El Cinematógrafo" inflige a las rodillas de quien está dispuesto a soportar esa vía crucis para disfrutar de la última comedia (?) de un realizador suizo de apellido sobresdrújulo? En cambio, en las folklóricas salas que nos atraen en cualquiera de las funciones, uno puede llegar tarde (o bien al día siguiente), preguntar en voz alta a la sala qué ha pasado hasta entonces, obtener una respuesta más ingeniosa que el filme, hacer amigos (de mayor colorido que los que frecuentan la Filmoteca de Lima), ocupar cómodamente tres o cuatro butacas, modificándolas, quizás, y nutrirse sin vanas preocupaciones por el ruido del papel celofán. Entretanto, se estudia con interés cómo el libretista ha decidido que la heroína se asuste al encontrar en su habitación... ¡un gato! Como es previsible, el asesino está abalanzándose sobre ella por detrás...

Incidentalmente, estos Pierre Menards del séptimo arte parecen estar haciendo todo lo posible para olvidar cien años de cine, por hacer, a fines del siglo XX, cine de fines del XIX, a lo más de la belle époque. Ver estas películas es reencontrarse con los trucos de Meliés, los close ups de D.W. Griffith, las originales historias de Cecil B. De Mille. Sus medios son escasos. Gastan la mitad de su presupuesto en efectos especiales. La otra mitad probablemente en cinta adhesiva y alambre para reparar cámaras, escenarios y utilerías.

A cambio sus soluciones son brillantes. A falta de zooms, cortan y aproximan al actor, con frecuencia olvidando toda angulación. A falta de extras engatusan a tíos y sobrinos. En más de un filme, las calles simplemente están tan despobladas como los bolsillos del productor.

El contacto con un lenguaje cinematográfico ingenuo (naive, burdo, infrahumano, reclaman a gritos nuestros amigos cinéfilos desde sus diversas tiendas) permite aguzar los niveles de lectura para luego ejercerlos frente a Ford Coppola, a Milos Forman. Una de estas habilidades es la de buscar errores o descubrir ciertos trucos ingeniosos. Por ejemplo, ¿cómo hizo Terry Gilliam para pegarle los periódicos a Robert de Niro y sólo a Robert de Niro, en el torbellino final de Brazil?

Respuesta: filmó en reversa. Los papeles son soplados desde De Niro. Los extras caminan impasiblemente (hacia atrás) y un detalle, uno sólo, permite descubrir el truco. ¿Cuál? Es un secreto; pero si hubieran visto Guerreros del futuro en Texas , donde ese error es ejercido con verdadera pericia un abrumador número de veces, señalar el lunar en la cinta de Gilliam sería una labor extremadamente sencilla.

En estos filmes ocurren cosas hermosas. La basteza acaba teniendo claros valores estéticos. En Strikers , el actor que funge de héroe, un mocetón a quien sin duda su previsora madre amamantó con esteroides, luce una brillante y uniforme capa de sudor aun cuando no haga nada (sobre todo en el sentido actoral). Entretanto los villanos, la heroína, los extras y hasta el caballo del héroe están tan frescos y secos como para rodar de inmediato un comercial de desodorante, a pesar de haber finalizado recién un penoso cruce por el desierto.

En otra escena de la misma película, un centinela (bad guy) vigila desde su nido de ametralladoras que, bajo los invernaderos de plástico, los esclavos (good guys) cultiven unas raquíticas verduras. Según se explica, sólo éstas pueden crecer bajo atmósfera controlada en aquella futura tierra radioactiva. Los fundamentos científicos, o la mera lógica de todo ello se nos escapa, en especial si consideramos que el vigía y su armamento están instalados en lo alto de un verde y robustísimo olmo.


En esa joya de la cacocinematografía que es Retroceder nunca, rendirse jamás se alude continuamente a Rocky, filme pasable que, por cierto, todo este cine reconoce como su abuelo. Es natural. Mirando hacia arriba desde el fondo del séptimo arte, se percibe un olimpo homogéneo, tachonado de apellidos italianos igualmente válidos: Antonioni, Fellini, Rossellini, Bertolucci, Stallone.

Nuestros amigos cinéfilos se complacen en recordar las innumerables citas que el buen cine hace a la caída del cochecito por la escalera de Odessa en Acorazado Potemkin. Incluyen las irónicas, como la de la aspiradora en Brazil (y añaden oscuramente: "Gilliam siempre reemplaza niños por electrodomésticos") o las literales, como la de Los Intocables ("Cochecito cayendo por escalera. ¡Acción!").

En el submundo de la cartelera limeña, en la fascinante persecución de la peor película que exista, hemos hallado que aludir a Stallone es una notable realización intelectual, y que es, en efecto, una aproximación al buen cine. Las películas cuyo presupuesto no sube de cien mil dólares son citadas por las de ciencuenta mil, que a su vez resultan aludidas con entusiasmo por las de veinte mil.

En cierta ocasión memorable, encontramos una película tan mala que podríamos haberla hecho nosotros con nuestros ahorros. En este nivel, los realizadores viven en una suerte de sótano intelectual, y acaban aludiéndose entre sí.

En una cartelera que nunca es ni será pobre, resulta emocionante perseguir esas torpezas, esos ángulos de cámara repetidos, reconocer a esos actores que embadurnados en vaselina, eventualmente dejan de ser anónimos.

Los cinéfilos ignoran cuánto deben un Fassbinder, un Oshima a películas como Retroceder nunca, rendirse jamás III (que, por cierto, era muy inferior a la primera). Será necesario admitir que el mal cine es el primer paso del camino al bueno: sin enanos no habría gigantes.


Enrique Prochazka.

En "UN AÑO CON TRECE LUNAS, el cine visto por los poetas peruanos", de Oscar Limache. Colmillo Blanco, colección de Arena, Lima, diciembre de 1995.